El compositor cubano Leo
Brouwer, de 71 años (La Habana, 1939) se
ha proclamado vencedor en el X Premio SGAE Tomás Luis de Victoria, que se ha
fallado el 4 de marzo en Madrid, por un jurado integrado por cinco
personalidades del mundo musical. El Tomás Luis de Victoria, que convoca la
SGAE, es el mayor reconocimiento para autores vivos en el ámbito
hispanoamericano y lusófono, tanto por la categoría del jurado como por su
dotación económica, de 60.000 euros. Leo Brouwer se alzó con el galardón entre
un total de 53 compositores finalistas provenientes de 16 países
iberoamericanos.
El jurado internacional del X Premio SGAE Tomás
Luis de Victoria -integrado por cinco personalidades del mundo musical- estuvo
compuesto por el catedrático de
musicología de la Univesidad de Oviedo, Ramón Sobrino; el crítico y musicógrafo,
José Luis Téllez; el director de Centro de Documentación Musical de Andalucía,
Reynaldo Fernández; la profesora de musicología de la Universidad Nacional
Autónoma de México, Consuelo Carredano, y la musicóloga cubana Victoria Eli,
profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
El jurado ha querido destacar, según el acta final,
su relevante carrera internacional como compositor, guitarrista, director de
orquesta y profesor; su brillante dominio de múltiples técnicas y géneros que
lo definen como músico integral y su aportación al repertorio y técnica de la
guitarra basada en la síntesis entre la danza autóctona y las corrientes
estéticas más renovadoras del presente, que ha proyectado la música
iberoamericana hasta una dimensión universal.
Foto: Ignacio Evangelista
Sobre Leo
Brouwer
Nacido en La
Habana en 1939, inició los estudios musicales en su país natal, perfeccionándolos
más tarde en la Juilliard School de Nueva York y en la Universidad de Hartford
en Estados Unidos. Estudió composición con Vincent Persichetti y Stephan Wolpe.
De vuelta a su país, desempeñó diversas actividades oficiales, como la
dirección del departamento musical del Instituto Cubano de las Artes y de la
Industria Cinematográfica (ICAIC) en 1960.
Leo Brouwer reúne además de una
de las más importantes trayectorias compositivas de la actualidad, con un
catálogo de 300 obras, otras facetas no menos importantes como la de
guitarrista, ofreciendo más de 600 conciertos en más de 40 países, y creando
nuevos recursos técnicos para la guitarra lo que han provocado una de las más
notables transformaciones en la técnica del instrumento en el siglo XX; la de
director de orquesta, dirigiendo más de 100 orquestas y siendo titular de
orquestas como la Orquesta Nacional de Cuba (1981-2003) o la Orquesta de
Córdoba (1992-2001); la de pedagogo en el Conservatorio de La Habana, donde
realizó grandes innovaciones al introducirnuevas materias en la enseñanza de la composición, en el
Teatro Musical de La Habana (1962), en el ICAIC con la dirección del Grupo de
Experimentación Sonora (1968), en Córdoba en los útimos años ha realizado
quince temporadas de conciertos didácticos con la Orquesta de dicha ciudad; y
la de musicólogo con cantidad de ensayos, artículos, charlas y conferencias.
Músicos como los estadounidenses
Charles Ives y John Cage, el italiano Luigi Nono o el alemán H. W. Henze,
influyen de forma decisiva en su obra, pero manteniendo en todo momento unas
serie de rasgos fuertemente personales. Su creación asume toda la libertad que
ofrece el pluralismo cultural de nuestros días, la evocación de lo antiguo se
alterna con lo moderno en su obra y la relación de lo universal y lo nacional
constituye uno de sus pilares compositivos.
El compositor cubano considera la
música como formadora de un público, su función social y su relación con otras
artes. Entre sus rasgos compositivos más personales destaca la utilización de
entonaciones procedentes de la cultura musical africana y presentes en la
música cubana; la utilización de las formas tradicionales junto a las formas
abiertas en la que el intérprete (o incluso el público) puede variar e
improvisar sobre la obra; la composición modular que lo relaciona con los
métodos de Paul Klee en la Bauhaus; el desarrollo temático que se deriva de un
único motivo y la propia autocita a lo largo de toda su obra a modo de espiral
en el tiempo que le da gran unidad y cohesión al conjunto de su catálogo.
Entre su obra, además de las
cerca de 102 bandas sonoras para el cine cubano, destacan la serie de cuatro Sonogramas
(1963-72);
Homenaje a Mingus para jazz y orquesta (1965); Tarantos para guitarra (1974); Metáfora
del amor
para guitarra y banda magnetofónica (1974); Concierto de Lieja para guitarra y orquesta
(1980); Paisaje cubano con lluvia para orquesta de guitarras (1984) y diversas
versiones instrumentales de Cuadros de otra exposición (2000-10) así como
numerosas orquestaciones, versiones y transcripciones.
Le han otorgado más de 200
distinciones en diferentes países entre las que se pueden citar los títulos de
Doctor Honoris Causa en La Habana y Santiago de Chile; el Premio Nacioanl de
Música de Cuba; el Premio MIDEM (Marché International du Disque et de l'Edition
Musicale) de Cannes; la Orden Pablo Neruda o el Premio Goffredo Petrassi de
composición. El pasado mes de septiembre de 2009, la SGAE organizó un homenaje
para conmemorar su figura en su 70º aniversario.